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Periodismo y Política

La información para el siglo XXI , un vulgar negocio

March 15, 2017

La información para el S. XXI, un vulgar negocio
Profesión herida de muerte.


Por GABRIEL ANGEL ARDILA


 

La maduración del siglo de las comunicaciones al comienzo del nuevo milenio, consolida finalizando la primera década el poder público reflejado en el caos de las redes sociales y funde el papel del periodismo con el de la participación ciudadana más liberal hasta ahora conocida como preámbulo del siglo XXI..


Los ciudadanos usuarios de teléfonos móviles y sus aditamentos electrónicos que comprometieron el papel de los camarógrafos, suplieron los roles de los redactores y derribaron todas las barreras de mandos desde editores, pusieron de relevo jefaturas y asumieron todos los roles de directores de medios que así, de pronto, lucían como soldados depuestos de un ejército vencido sin ningún tipo de armisticios. Simplemente, fueron derrocados por el flamante periodismo ciudadano que derritió sin mayor esfuerzo el llamado “Cuarto Poder” asignado a la prensa.


El negocio había comenzado con la toma de poderes por parte de familias acomodadas, relativamente adineradas e investidas de poder con el garrote de la opinión. Los principales periódicos, emisoras o cadenas de ellas y canales de televisión fueron su objeto y su negocio. Jamás el poder de la prensa fue ejercido por formas distintas a los intereses particulares.


Para mediados de última década del siglo XX los monopolios industriales pusieron sus manos en los intereses de la prensa y se tomaron la administración de la llamada Opinión Pública. Controlaron todos los negocios. La dilución de esa amalgama entre control político, presión publicitaria y manejo de hilos económicos estuvo en el juego de las redes montadas desde el mundo electrónico que liberó en el ciberespacio las riendas de la comunicación.


Apoderados los empresarios e industriales de los medios de comunicación, imponen su lógica transaccional y transforman la relación entre las partes de lo que para ellos es simplemente un nuevo negocio: los periodistas, los operarios, los conductores y directores de espacios, ya no son empleados, sino negociantes y cuando menos comisionistas. En algunos casos aberrantes los hacen “socios”.
Un nuevo director de noticiario o de cualquier espacio de opinión o en general de información, es arrendatario o concesionario en sus emisoras. En sus periódicos, en sus espacios controlados desde monopolios. Entonces la información pierde su vieja condición de independencia, neutralidad y objetividad. El cambio de modelo impone profundas modificaciones incluso sobre la materia central de ese manejo: la información se convierte en mercancía negociable.


Todo eso de la búsqueda de la verdad, la imparcialidad y cualquier rezago ético, se transforman en materia negociable. Ahora si el periodismo está herido de muerte.

Otros temas de Gabriel Ardila

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El periodismo frente a las arremetidas de Donald Trump

February 27, 2017

Enfoque Periodístico / New York Times

 

Read in English

Por : Jim Rutenberg

Si eres periodista y crees que Donald Trump es un demagogo que le hace juego a las peores tendencias racistas y nacionalistas de Estados Unidos, que queda bien con los dictadores y que sería un peligro si llega a controlar armas nucleares, ¿cómo diablos se supone que debes cubrirlo? Porque si uno cree todas esas cosas, tiene que olvidarse del manual del periodismo que ha estado vigente, por lo menos en la escuela estadounidense, durante la mayor parte de la mitad del siglo y abordar el tema de una forma en la que nunca lo ha hecho en su carrera.

Si la visión que uno tiene de la presidencia de Trump es que sería un peligro, entonces las coberturas habrán de reflejarlo. Uno deberá acercarse más que nunca a ser antagónico. Ese es un territorio incómodo e inexplorado para todo periodista convencional que no escribe una columna de opinión y, según los estándares normales, resulta insostenible.

Entonces la pregunta es: ¿Aplican las normas habituales? Y, en caso de no ser así, ¿qué aplica entonces?

En términos generales, esto desequilibra esa forma idealista de periodismo con “P” mayúscula que nos enseñaron a respetar siempre. Aceptémoslo: desde el día en que Trump anunció su candidatura, el equilibro brilla por su ausencia. A lo largo de las elecciones primarias y los caucus, el desequilibro estuvo a su favor, como lo demostraron algunas estadísticas brutales: sus aproximadamente 2 mil millones de dólares en cobertura gratuita durante la primaria estuvieron casi seis veces por encima de su rival republicano más cercano. Ahora, como candidato oficial a la presidencia por el partido Republicano, el desequilibro está en su contra. Periodistas y comentaristas analizan sus pronunciamientos y temperamento en materia política pensando cómo sería su comportamiento en la Casa Blanca, algo que durante mucho tiempo se había considerado improbable.

Para los reporteros convencionales es arriesgado dividir el debate político de este año en “normal” y “anormal”, como señaló hace poco Ezra Klein, jefe de redacción de Vox. En cierto sentido, eso es justo lo que los reporteros están haciendo. Y resulta inevitable, porque Trump está manejando su campaña de formas nunca antes vistas. Ningún periodista vivo había visto antes que el candidato de un partido principal le pusiera condiciones financieras a los aliados de la OTAN, discutiera públicamente con la familia de un soldado caído del ejército estadounidense o incitara a Rusia a intervenir en una elección presidencial de Estados

Unidos hackeando a su oponente (era una broma, aclaró Trump posteriormente, que los medios no entendieron).

 

Si bien los llamados velados al racismo y el nacionalismo no son nuevos, plantear la posibilidad de prohibir provisionalmente el ingreso a Estados Unidos a los musulmanes o poner en duda la imparcialidad de un juez federal por su ascendencia mexicana sí lo son. “Tener un candidato que manifiesta su simpatía hacia uno de nuestros adversarios más dañinos y amenazantes, un candidato que echa por tierra todas las normas que establecen cómo se debe tratar a las familias cuyos hijos dieron la vida por el país, un candidato que propone reconsiderar las alianzas que han regido nuestra política exterior durante sesenta años, eso exige cobertura, una cobertura abundante y virulenta”, manifestó Carolyn Ryan, editora de la sección de política de The New York Times. “Esto no quiere decir que no pondremos todo de nuestra parte para cubrir a Hillary Clinton desde distintos ángulos; lo hacemos y lo haremos”. 

 

De Clinton se puede decir que ningún candidato presidencial había logrado la candidatura de su partido después de una investigación del FBI sobre el uso de un servidor de correo electrónico privado para , en algunos casos, intercambiar información secreta de seguridad nacional. Esto merece escrutinio, al igual que todo su historial. No obstante, los candidatos no generan la misma cantidad de noticias.

Trump es un novato político que ha pasado su carrera dirigiendo una empresa privada y apareciendo en un reality show exitoso. Por supuesto que no es un desconocido, pero hay tanto que todavía desconocemos sobre sus puntos de vista y su nivel de conocimiento de asuntos importantes. Sus posiciones llegarían a la primera plana aún cuando no fueran en contra del consenso político existente (sí lo son).

La reacción de los medios ante todo esto ha sido sorprendente. No es extraño encontrarnos con artículos periodísticos que lo describen como “errático” sin hacer mención de sus contrincantes. Las “verificaciones de datos” de sus afirmaciones siguen creciendo de manera impactante, sobrepasando por mucho a las de Clinton.

Aunque hay varios ejemplos de críticas de medios conservadores hacia  Trump, este año el candidato y sus partidarios están desempolvando acusaciones viejas de sesgo izquierdista. Muchos partidarios fieles a Trump no lo ponen en duda. Esto solo sirve para empeorar su visión negativa de los medios, que en un principio no reconocieron el poder de las promesas del candidato y que por ende, tampoco reconocieron la seriedad de su candidatura.

Sin embargo, esto es lo que implica que se le tome en serio. Como me dijo Ryan: la candidatura de Trump es “extraordinaria y sin precedentes” y “asumir lo contrario sería deshonesto con los lectores”. También sería renunciar al deber más solemne del periodismo político: dilucidar cómo serían los candidatos ocupando uno de los cargos más importantes del mundo.

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El abuso de poder en los Medios de Comunicación

April 25, 2016

Testimonio de Andrónico Luksic : "el día en que el periodismo chileno murió?
 

Por: Níkolas Stolpkin

 

Nunca habíamos sido testigos de algo parecido, que un Medio de Comunicación diera tribuna a su propio dueño, Andrónico Luksic, para especialmente contestar a un diputado de la república, Gaspar Rivas, que lo había tratado de "hijo de puta" en una sesión en el Parlamento. 

 

Pregunta. ¿Es de esperar, ahora, que cada vez que a este señor (Andrónico Luksic) se sienta insultado, o menoscabado, tendremos más "testimonios" en su propio canal de televisión, Canal 13 de Chile?

 

En medio de este ambiente lleno de desconfianza y crispación hacia la clase política y a los empresarios, consideramos que su "testimonio" en su propio canal de televisión no contribuye en nada a calmar dicho ambiente. Su "testimonio", televisado a nivel nacional para contestarle a un diputado, no puede más que reflejar cierto abuso de poder, propio de un dueño de un Medio de Comunicación.

 

Realmente nunca habíamos sido testigo de algo semejante, ni siquiera cuando Sebastián Piñera, ex presidente de Chile, había tenido el control del canal Chilevisión.

 

Todos sabemos de la influencia que pueden llegar a tener los dueños de Medios cuando se trata de editoriales o algún trabajo periodístico, pero que un dueño de un Medio, directamente, ponga un video de siete minutos dentro del noticiario principal nocturno para contestarle a un diputado, ya es insólito.

 

Si el día de mañana un dueño de un Medio de Comunicación no está de acuerdo con el gobierno de turno, ¿será aceptable que directamente haga sus descargos en su propio Medio?

 

Quizá a algunos les podía hasta parecer gracioso, pero lo que vimos fue muy violento. Lo peor de todo es que el periodismo dentro del Canal 13 se mandó un autogol. Cero opinión, cero crítica, cero de todo. Como si el dueño les dijera "pongan este video y no comenten nada".

 

La "entrevista" a Andrónico Luksic puede significar dos cosas: 1) la entrada a escena de una tendencia, en la que el dueño de un medio directamente exprese sus opiniones respecto a un tema y 2) puede significar una laguna dentro del periodismo chileno, algo como "aquí no ha pasado nada".

 

Definitivamente la "entrevista" que se vio en todo chile de Andrónico Luksic debería hacernos reflexionar sobre los límites que deberían estar sujetos los dueños de Medios de Comunicación. Si no existen límites, entonces la clase política perdería definitivamente el puente que conduce hacia sus ciudadanos. 

 

Ver video: https://www.youtube.com/embed/HsswGB4S29g"

 

Níkolas Stolpkin ,Analista político nacional e internacional - Political Analyst - Crítico de política y Cultura Contemporánea 

 

 

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¿Se puede ejercer el periodismo en Colombia?

 

El fin del periodismo

Por: María Jimena Duzan

revista Semana.com

 

Ser periodista en Colombia hasta hace poco era un oficio aprestigiado, así no fuera ni bien pago, ni la mejor manera de hacer amigos. Sin embargo, de un tiempo para acá, esa aureola respetable con que la sociedad nos ungió en años pasados se nos ha ido evaporando en la medida en que la opinión pública, que no es boba, se ha dado cuenta de que el periodismo que se practica hoy en Colombia es sinónimo de soberbia, de likes, de arrogancia y de genuflexión ante los poderes económicos y políticos, y que valores como la independencia y la ética son parte ya de la prehistoria.....continuar

 

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El deber de informar y el derecho de opinar

February 19, 2016

El deber de informar y el derecho de opinar

Por :Pedro Corzo

publicado en getniuno.com

 

Sin lugar a dudas la avanzada de una sociedad sin mordazas, con posibilidades de criticar y construir más allá de la voluntad de una dictadura, está en buena medida en el nivel de riesgo que los periodistas estén dispuestos a afrontar.

 

La labor de informar puede estar sujeta a la censura y quien transgreda esas disposiciones es sujeto de una sanción gubernamental, aunque hay que reconocer que en el presente la delincuencia organizada y otros grupos de intereses especiales también procuran controlar los medios, si consideran que lo que se va a publicar puede afectar sus intereses.

 

Bajo esas circunstancias el ejercicio de informar está sujeto a las limitaciones que imponen las diferentes fuentes de poder que en una sociedad concurren. Cuando los periodistas transgreden los límites que imponen los poderosos, se convierten en el objetivo a destruir para los depredadores, sean estos gobiernos o sicariato.

El periodista independiente no responde a los patrones informativos que los gobiernos o grupos de poder hayan impuesto a los laborantes de los medios que controla y administran. La labor informativa de un comunicador libre está comprometida con notificar sobre los acontecimientos de interés público independiente a lo que consideren las autoridades.

 

Un periodista, más allá de sus convicciones políticas, ideológicas, y preferencias, está comprometido con el deber de informar, de presentar los hechos sin aderezos de ninguna clase, sin considerar las consecuencias que puedan derivarse de lo que es un derecho en una sociedad abierta y un acto de conciencia, cuando la información es un monopolio del estado.

 

Un periodista también tiene el derecho de opinar, de evaluar en base a sus convicciones los sucesos y las consecuencias, pero dado ese caso debería buscar la forma de hacer notar que lo que dice o escribe lo hace como ciudadano y no como un profesional de la información.

 

La opinión de un periodista sobre un tema determinado se origina, como la de cualquier otra persona, en sus convicciones, y es producto de su capacidad de analizar y de presentar sus ideas, pero no está sujeta a los patrones de imparcialidad y balance que debe respetar cuando está ejerciendo su oficio.

 

Ricardo Quintana, periodista de Televisión Martí, ha dicho en más de una ocasión que si tuviera la oportunidad de entrevistar a algún cacique de la dictadura cubana estaría en una situación muy difícil, porque los dirigentes cubanos no responden a las preguntas que se les hacen sino que argumentan sus consignas, lo que le obligaría a incursionar un terreno en el que el periodista se puede confundir con el activista de una contrapropuesta.

 

El periodista independiente está comprometido a informar, aunque corra el riesgo de perder el sustento, ir a prisión o el exilio tal, como le ha ocurrido a tantos comunicadores alrededor del mundo.

Su deber es informar sin considerar las derivaciones de sus acciones, en eso estriba la independencia del comunicador. La filosofía o la doctrina que defienda o ataque son irrelevantes siempre y cuando en su trabajo como periodista refleje la realidad de los sucesos sin concesiones a quienes disfrutan de algún tipo de poder.

 

En base a esta valoración es válido afirmar que si un laborante de la prensa oficial violenta al censor propio o al gubernamental en su trabajo informativo, a partir de ese momento se transforma en un periodista libre sin que importen las convicciones que pueda seguir defendiendo.


Por ejemplo, en Cuba por más cinco décadas ha existido un periodismo doctrinal, no solo ausente de críticas y cuestionamiento a la acción gubernamental, sino también cerrado a cualquier información o análisis que la autoridad pueda considerar atentatoria a sus intereses.

 

El periodista cubano se mediatizó. Mutó a vocero de consignas oficiales. En cantor de logros reales o supuestos de la clase gobernante. Su juicio lo supeditó a lo políticamente correcto. La información, el contar de un acontecer, se transformó en crónica de lo que convenía a la autoridad y al periodista que se esfuerza por no ser reprimido.

 

En estas condiciones se realiza un periodismo de sobrevivencia en el que la autocensura tiene un importante rol. Un comunicador atemorizado puede ser más severo en las restricciones a las informaciones que el mismo Censor.

 

Es imperativo que los periodistas independientes, los que están conscientes del compromiso del oficio tengan presente la perspectiva de que su tarea es informar, incluso lo que pueda agraviarle.

La labor que realiza un comunicador implica un grado muy serio de responsabilidad. La crítica, elogio o juicio por elemental que sea sobre lo acaecido, influirán en la ciudadanía, en la sociedad en su conjunto, y esa es la responsabilidad mayor de todo periodista.

 

Pedro Corzo (*)

 pedroc1943@msn.com @PedroCorzo43

* Periodista y Director del Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo

 

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El cinismo, la hipocrecía y la mentira dentro de la gobernabilidad

February 19, 2016

cinismo, hipocrecia y mentira

 

El cinismo, la hipocresía y la mentira no son instrumentos honestos para la gobernación

 

 

"Como en la circulación, la buena convivencia requiere razonables reglas de tráfico a respetar por todos; reglas democráticamente establecidas. Leyes justas para todos".

 

Wilfredo Espina

mundiario.com

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Este lenguaje hipócrita y cínico, que tanto utilizan muchos políticos, es lo que más desacredita la política. El doble y falso lenguaje. Tanto el heroico como el salvavidas. No es necesario citar nombres -de aquí y de allí-, para no reducir a anécdota la categoría. Además, estos dias están en la mente de todos.

 

Decir lo que no se piensa es cinismo puro. Proclamar como propio lo que no es más que una consigna de partido, es simple teatro. Defender lo que ya se sabe que no se cumplirá, constituye vil engaño.

 

El cinismo, la hipocresía y la mentira no son instrumentos  honestos ni válidos para la gobernación. La política -se repite- es el arte de lo posible, y de hacer posible lo que parece imposible. Pero no con artimañas engañosas e impuras. Las conductas y los medios innobles o sucios, enmierdan los objetivos más nobles, los idealismos más legitimos y las ansias de estabilidad más necesarias.

 

Todo puede defenderse en democracia, pero con  sinceridad y honestamente. No con engaños ni imposiciones, de ‘iure’ o de ‘facto’. No atribuyéndose la representación de todos, cuando sólo se cuenta con la de una parte, devidiendo así a una sociedad plural. Esto contradice el principio democrático de la buena fe y el respeto al otro. El mismo fundamento de la convivencia.

 

Como en la circulación, la buena convivencia requiere razonables reglas de tráfico a respetar por todos; reglas democráticamente establecidas. Son las leyes justas en su contenido y aprobadas por los auténticos representantes de la sociedad. Solo sin estos requisitos, imprescindibles, y avalados por los órganos judiciales, podría apelarse, ‘in extremis’, a la insumisión pacífica. La rebelión abre las compuertas al caos.

 

En situaciones de grave tensión, generalmente alentadas por intereses partidarios o posicionamientos temerarios, y en que el apasionamiento suele ofuscar la razón, no se repara en los medios, que se creen justificados por inmovilismos trasnochados, de unos, o por idealismos quiméricos, de otros. Estamos en una de estas situaciones, que casi nadie quiere, pero que demasiados se dejan llevar por la fuerza del viento, quizás de un viento soplado entrebastiadores, con más o menos buena o mala fe, con ánimo redentor de espesas nieblas pero con consecuencias devastadoras.

 

Por esto es tan importante para la ciudadanía, para el pueblo llano,  detectar bien y a tiempo el grado de cinismo, hipocresía o engaño de los discursos políticos, de todo signo, que pretenden perpetuarle inmerecidamente en el inmovilismo o arrastrarle en la aventura de la rebelión. El tráfico político tiene su código legal.

 

 

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